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José Luis lleva apenas dos meses en Novaterra, pero ya le ha cambiado la vida. Cuando llegó a nosotros, derivado de los servicios sociales, vivía una situación dramática, como viven hoy muchas personas a nuestro alrededor. Ni su mujer ni él tenían trabajo desde hacía tiempo, y ellos y su hijo Alexander, de 14 años, estaban a punto de ser desahuciados de su hogar.

Nada más llegar a Novaterra, Reme, la técnica de inserción que se ocupaba de su caso, se puso manos a la obra. En apenas unas semanas, una oferta de empleo de una empresa colaboradora de Novaterra casaba perfectamente con el perfil de Mari, la mujer de José Luis. Mari se enfrentó a la selección, y ha conseguido un contrato de 10 meses con posibilidades de renovación. “Estamos tan agradecidos a Novaterra. Nos ha cambiado la vida en apenas unas semanas”.

José Luis empezó a trabajar duro de niño. “He trabajado de todo, en la obra, de limpieza, pero llevo 8 años que no sale nada. Nadie nos imaginábamos que esto iba a pasar.”

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Cuando le preguntas por Alexander, su hijo, se le ilumina el rostro: “es un buen chaval, muy buen estudiante. Le gusta el diseño gráfico, y quiere aprender a hacer videojuegos. Pero mientras otros chavales de su edad solo piensan en ser futbolistas, el también tiene aspiraciones de ser fiscal o juez. Tenemos una prima abogada, e igual de ahí le viene la pasión. También le interesa el periodismo deportivo”.

 

“Alexander es un chico conformista. Si algo no se puede comprar, nos dice a su madre y a mí: tranquilos, yo tengo ahí 15 euros en la hucha que si hacen falta para comer, se cogen.

 

“Le hemos intentado transmitir unos valores. Que cuando se puede se puede y cuando no, hay que conformarse, y lo entiende bien”.

El futuro: conseguir un empleo

 

Cuando hablamos del futuro José Luis solo espera una cosa: “Espero trabajar y aprender, sacar una base. Y sacar a la familia adelante. Me gustaría poder pagarle una buena carrera a mi hijo, que no se quedara estancado. Que sea lo que quiera ser, y que no tenga que pasar en el futuro por lo que nosotros estamos pasando”.

Le pregunto a José Luis por cómo se siente cuando tiene que ir a Servicios Sociales, al Servef, etc. y es rotundo en su contestación: “Yo no quiero una ayuda, quiero trabajar”. A pesar de la precariedad laboral. “Antes se trabajaba duro, pero se sacaba dinero. Ahora si trabajas en el campo y no llegas a los 35 euros al día no cotizas. Y ya se encargan ellos de que no llegues a ese importe. Te descuentas cajas, hacen lo que sea para que no llegues al mínimo, aunque estés todo el día trabajando, no cotizas. Pero cuando no tienes nada te ves en la necesidad de hacerlo. No lo harías, pero lo haces”.

“Encontrar un trabajo te lo mejora todo, mejora tu calidad de vida, pasamos apuros que no puedes ni pagar la luz. Es una situación muy mala que no le deseo a nadie. Hay peleas continuas en el matrimonio, enfrentamientos en casa que solo vienen por la falta de dinero. Desde que mi mujer está trabajando el carácter le ha cambiado, está más alegre”.

La pesada etiqueta de la exclusión social

Parado de larga duración y mayor de 45 años. Esta era la causa de su situación de “exclusión social” para los servicios sociales. Cuando le pregunto sobre cómo se siente cuando se habla de él bajo esta etiqueta de la exclusión social José Luis se emociona: “Es una etiqueta muy pesada, te sientes excluido de la sociedad, y te sientes que tú tienes la culpa, que podrías haber conseguido más si hubieras estudiado. Por eso quiero que mi hijo estudie, porque a lo mejor yo no estaría en esta situación de tener estudios”. “Cuando aprueba todo, como todos los niños, me pregunta ¿papá, y no hay un regalo por aprobar? Y la respuesta que siempre le damos es clara: El regalo es tu futuro, Alexander”.

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¿Y como ves tú el futuro José Luis? “El futuro lo veo negro, pero no sólo por mí, sino de cara a todo el mundo, a la situación general por la que estamos pasando muchas personas. Yo no decaigo, siempre se abrirá alguna puerta, espero tocar al botón adecuado y que se abra. Estando en casa no te va a llegar ninguna oportunidad. Por eso vine aquí. Aunque me costó mucho. Veía por la tele el anuncio de un banco sobre las ayudas a personas en situación de exclusión social, y pensaba que eso era para gente que estaba en una situación más precaria que yo. Y resulta que no, que programas como el de Fundación Novaterra pueden cambiar la vida a gente como nosotros. Falta más información tanto a las asistentas sociales como en los ayuntamientos de estos recursos a nuestro alcance”.

“Novaterra ya nos ha cambiado la vida. Aunque queda mucho por hacer”.

 

Fotografías de Eduardo Alapont, volutario de Fundación Novaterra.

Tú puedes darle la vuelta a la vida de José Luis y de otras tantas personas. 

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Asóciate a Novaterra, y ¡dale la vuelta!

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