La defensa de la verdad como pilar democrático y la urgencia de frenar la impunidad de la mentira centraron la 16ª edición de los NOVA_Talks, celebrada en el Campus València de Florida Universitària bajo el título «Veracidad, bulos y fake news». Periodistas, académicos y representantes de la sociedad civil coincidieron en una idea clave: vivimos un momento de emergencia democrática en el que la desinformación se ha normalizado y amenaza la convivencia política y social.
El encuentro, organizado por Fundación Novaterra con el apoyo de Caixa Popular, reunió a representantes de sindicatos, medios de comunicación, estudiantes y entidades preocupadas por la expansión de los bulos. Desde el equipo impulsor del Manifiesto de la Veracidad se subrayó que no cabe el silencio cómplice ante un fenómeno que invade todos los ámbitos de la vida social, económica y política.
Sergi Pitarch, director de la edición valenciana de elDiario.es, afirmó con contundencia que “el principal reto de la verdad es la impunidad de la mentira”. Pitarch denunció que mientras los medios de comunicación están sujetos al Código Civil y al Código Penal —y responden cuando vulneran derechos o difaman— en las redes sociales proliferan mentiras, ataques al débil, discursos racistas y estrategias de enfrentamiento sin consecuencias legales. “Hay que regular ese espacio, hoy controlado por grandes multinacionales americanas y chinas, para que la mentira no salga gratis”, señaló. También apeló a que desde la propia ciudadanía se valore, critique y señale a quienes difunden falsedades.
Bernardo Guzmán por su parte, director de Cadena SER Comunitat Valenciana, puso el foco en la responsabilidad individual. “Más que a las instituciones, hay que apelar a la ciudadanía. Tenemos la obligación, cada uno de nosotros, de no creernos todo lo que oímos ni todo lo que leemos”, afirmó. Guzmán defendió el compromiso diario de la radio como medio convencional líder, donde la rapidez nunca debe estar reñida con la veracidad. “Nuestras tres premisas son claras: veracidad, contraste de la información y, después, la legítima aspiración de ser los más rápidos”, remarcó.
Antonio Ariño, catedrático de Sociología de la Universitat de València, quien ofreció una reflexión de fondo: “No vivimos en la era de la posverdad, porque nunca ha existido una época pura de la verdad, y en política menos todavía”. Para Ariño, la política de la verdad tiene un amplio recorrido, pero no puede imponerse únicamente desde arriba. “Debe ser impulsada, defendida y practicada desde abajo”, afirmó, subrayando la necesidad de formar en los estudiantes disposiciones éticas y críticas más que simples competencias técnicas para la búsqueda de información.
Gustavo Zaragoza Pascual, doctor en Psicología por la Universitat de València y portavoz del Manifiesto de la Veracidad advirtió que los bulos ya no surgen solo como reacción a una noticia concreta, sino ante cualquier información que adquiera notoriedad, con el objetivo de tergiversarla según intereses particulares. “Universidades, sindicatos y asociaciones comparten la misma sensación de peligro ante la manipulación sistemática que estamos viviendo”, indicó. El llamamiento, aseguró, está hecho: “La sociedad civil tiene la fuerza de la unidad y vamos a seguir trabajando para defender la veracidad”.
Durante la jornada se insistió en la necesidad de diferenciar entre bulos locales y globales, todos ellos relevantes; en la importancia de la pluralidad informativa; y en el papel decisivo de la tecnología y la inteligencia artificial, herramientas que deben utilizarse correctamente, sin prohibiciones indiscriminadas, pero con regulación responsable. Se destacó además que la atención se ha convertido en la principal mercancía de nuestro tiempo, lo que alimenta dinámicas de clickbait, polarización y algoritmos opacos.
El acto contó con la moderación de la periodista Amparo Cervantes Zacares, CEO de ALETREO – Agencia de Comunicación, Marketing y RRPP, quien condujo el coloquio con rigor, agilidad y profundidad, favoreciendo un debate plural y constructivo entre los ponentes y el público.
La conclusión fue unánime: la mentira circula hoy con mayor velocidad que la información contrastada y ha dejado de ser una excepción para convertirse en práctica tolerada en el espacio público. Frente a ello, periodistas y académicos reclamaron una política activa de la verdad, mayor implicación ciudadana y una regulación eficaz que impida que la desinformación siga erosionando los fundamentos de la democracia.



























