A veces nos olvidamos de lo más básico. La cantidad de conceptos, ejemplos de las grandes empresas, índices, monitores, documentos oficiales y no oficiales, estudios, y un largo etcétera nos hacen olvidarnos de las responsabilidades más básicas de una empresa, incluso nos llevan a confundir responsabilidad social con los que no lo es, y conviene recordarlas. Las responsabilidades más básicas de una empresa son: 1. Ganar dinero 2. Satisfacer las necesidades de los clientes ofreciendo productos y servicios de calidad y 3. Generar empleo.

Pues sí, esto que parece tan sencillo es responsabilidad social. No hacen falta grandes proyectos, grandes departamentos, grandes acciones filantrópicas, ¡y menos hoy en día! Tener una empresa solvente, que genera un bien para la sociedad, que cumple con sus obligaciones legales y fiscales, y que genera empleo de calidad, puede ser una empresa de las que llamamos “socialmente responsables”. Es hora de volver a lo básico, a la esencia de la RSE.

 

Responsabilidad social, empleo y exclusión social

La última Comunicación Oficial de la Comisión Europea en materia de RSE, publicada a finales de 2011, así lo destacaba: las empresas responsables tienen que “ayudar a mitigar los efectos sociales de la actual crisis económica, incluyendo la pérdida del trabajo”. Nos hacen mucha falta empresas responsables que apuesten por el empleo. Que apuesten por la contratación, es lo primero y más básico, pero por contratar con buenas condiciones, generar empleos de calidad, es lo segundo. Y en tercer lugar, es fundamental que las empresas tengan en cuenta criterios de inclusión a la hora de evaluar a los candidatos para un puesto.

Todos sabemos lo que supone un empleo para cualquier persona; supone un sueldo, lo que dota de autonomía económica a la persona, sí, pero además supone autoestima, dignidad, afán de superación, y lo que es muy importante, socialización, estar en la sociedad con los otros, formar parte de la misma. Sin empleo parece que pasamos a ser “ciudadanos de segunda”, excluidos.

Esto nos pasa, o nos puede pasar, a todos, pero todavía hay gente que lo tiene más difícil. En terminología especializada se les suele llamar “colectivos en situación o riesgo de exclusión social”, “colectivos vulnerables o desfavorecidos”, en la práctica no son más que personas que pueden tener o han tenido una dificultad añadida. Son tantas y tan variopintas las cosas que le pueden suceder a uno para caer en este “paquete”: discapacidades físicas, psíquicas, enfermedades, adicciones superadas, ser víctimas de la violencia de género… causas a las que hay que sumar hoy en día la situación de “paro prolongado”, que por sí sola está llevando a miles de personas a situaciones de exclusión social para ellas antes desconocidas.  ¿Por qué poner a gente tan diversa bajo un mismo término? ¿Por qué etiquetar a la gente por lo que suponemos un problema para su desarrollo profesional?

Téngalo en cuenta, empresario, contratar a la persona por su valía, teniendo en cuenta su diversidad y la diversidad que sin lugar a dudas va a aportar a la empresa es hoy, aún más si cabe, una de las mejores formas de demostrar su responsabilidad social. Sumar capacidades, sumar diversidad.

 

Centros Especiales de Empleo y Empresas de inserción. Ante todo, empresas

Pero si las condiciones de su empresa no se lo permiten, por condiciones extremas de seguridad en un puesto, porque no se ajustan los candidatos a su perfil, o simplemente porque en estos momentos no puede contratar, existen otras formas de apostar por el empleo inclusivo sin generarlo directamente. Los Centros Especiales de Empleo y Empresas de Inserción ofrecen diversos productos y servicios que se pueden contratar desde las centrales de compras de empresas privadas o a través de las clausulas sociales en las empresas públicas.

Y también aquí tenemos que romper clichés. Ante todo son empresas, que buscan ofrecer un producto y servicio de calidad, generando además un enorme impacto positivo social y medioambientalmente. Son empresas que luchan por ser empresas socialmente responsables, como la suya, y contratar sus servicios o comprar sus productos le hace a usted cumplir con su RSC en la cadena de proveedores, algo realmente complicado ¡Imagínese el potencial! Sin olvidar que contratar a estas empresas o comprar sus productos le permite cumplir con la Ley de Integración Social del Minusválido, conocida como LISMI.

Pues nada, empresario/a, seguro que en su próxima decisión de contratación tiene en cuenta estas cuestiones. Existen fundaciones y asociaciones expertas que le pueden acompañar en todo el proceso, y si no puede, infórmese de los Centros Especiales de Empleo o Empresas de Inserción que hay en su Comunidad. Sigamos sumando responsabilidad.

Carmen Martí, Responsable de Comunicación de Fundación Novaterra. cmarti@novaterra.org.es

Artículo publicado en Economía 3 septiembre de 2012 Pdf aquí

 

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