
Marisa Saavedra, trabajadora social, ex diputada en el Congreso
Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, compartimos esta reflexión de Marisa Saavedra, trabajadora social, ex diputada en el Congreso y colaboradora de nuestro Comité de Presencia Pública. En este artículo, la autora analiza el papel transformador del feminismo frente al militarismo, las guerras y las desigualdades que atraviesan nuestro tiempo, y reivindica la defensa de la vida, la justicia social y la paz como ejes fundamentales de la acción feminista.
A través de su mirada crítica y comprometida, Saavedra nos invita a reflexionar sobre los desafíos actuales y sobre la importancia de seguir construyendo una cultura de paz, igualdad y dignidad para todas las personas.
El artículo completo a continuación:
8M: feminismo contra la guerra
Marisa Saavedra
Trabajadora social y ex diputada en el Congreso
En un mundo y un sistema fundamentado en el economicismo, el desprecio a la vida, la desigualdad y la opresión, el feminismo se muestra como una fuerza transformadora de gran potencia. Vivimos momentos oscuros, donde se muestran con mayor claridad las dinámicas de dominación de un sistema patriarcal y extractivista que considera que las personas, los pueblos y los territorios están al servicio de la acumulación de beneficios y del enriquecimiento de unos pocos. Los poderosos cada vez tienen menos contrapesos; las instituciones y el derecho internacional están prácticamente en proceso de disolución; los valores fundamentados en el humanismo y la dignidad de la persona están en cuestión; y las democracias y las libertades peligran.
Cuesta ver luces, pero es urgente vislumbrar, reconocer y empujar las iniciativas y movimientos que hacen frente a estas graves amenazas y defienden la vida, la justicia social, los bienes comunes y los derechos humanos. A lo largo de la historia, movimientos feministas de todo el mundo, poniendo la vida en el centro, han defendido, además de la igualdad de género, la tierra y la naturaleza, y han hecho una apuesta firme por la paz, oponiéndose a las guerras, a la escalada belicista y a la cultura de la muerte promovida por el militarismo y la industria armamentística. Las feministas han trabajado para establecer puentes de diálogo y convivencia entre colectivos enfrentados, siempre buscando la cooperación y evitando la justificación de la violencia, el dolor, la tragedia o los genocidios.
Siempre han sido conscientes de que, durante las guerras, se priorizan los gastos y requerimientos militares y se dejan en segundo plano las necesidades básicas de la población civil. Y no solo durante las guerras; en realidad podríamos decir que este sistema está permanentemente en la misma dinámica de guerra, ya que siempre se supeditan las necesidades de la vida al mercado, a los intereses económicos, al poder. Y así, cada vez se normalizan más los abusos, la brutalidad, el extractivismo, el colonialismo o los genocidios, como el que Israel perpetra en Gaza con total impunidad y con la complicidad de la mayoría de los gobiernos y de las élites internacionales, así como la situación en estos días del ataque a Irán por parte de Israel y Estados Unidos.
Históricamente el feminismo ha hecho una gran aportación a la construcción de una Cultura de la Paz, imprescindible para que las vidas sean posibles y dignas de ser vividas, con luchas, propuestas y acciones concretas por parte de defensoras de la tierra, madres, activistas, políticas, agricultoras, trabajadoras manuales, científicas, pensadoras o artistas. Muchas mujeres se han organizado a lo largo del tiempo, y en situaciones de conflicto, para abrir un futuro que haga posible la convivencia, el respeto en la diversidad y la paz con justicia.
El feminismo nos ha ayudado a entender las relaciones entre los diferentes tipos de opresiones y dominaciones, la raíz común que las sustenta y justifica y que es necesario erradicar. Siempre ha entendido que una sociedad realmente democrática sin dominaciones de género, clase, raza u opción sexual solo será posible con la superación de este sistema patriarcal deshumanizado y violento, y son muchas las mujeres, las comunidades y los pueblos que trabajan para que esto sea posible.
Frente al militarismo, la crisis climática y el ecocidio que promueve el capitalismo depredador, el ecofeminismo propone transitar hacia un nuevo paradigma: poner la vida en el centro, reconocer y socializar los cuidados, el buen trato, defender la cooperación, las redes de apoyo comunitarias, la redistribución y unas condiciones de vida dignas para todas las personas. No es casualidad que los movimientos autoritarios, la internacional de ultraderecha que difunde el odio y la violencia, se afanen en atacar y desprestigiar el feminismo, conscientes de que es una fuerza social que trabaja justamente en el sentido contrario a la necropolítica que ellos imponen, defendiendo la igualdad, la empatía, la compasión y el respeto a los derechos humanos en un planeta habitable también para las generaciones futuras.
La celebración del 8 de marzo cobra especial importancia en estos tiempos de genocidios, militarismo y avance del fascismo que quiere precarizar nuestras vidas y devolvernos a un pasado oscuro. Continuaremos reivindicando la igualdad salarial, acabar con la brecha de género, políticas de conciliación y socialización de los cuidados, vidas libres de discriminación y de violencias machistas, servicios públicos que nos protejan… Y también hacemos memoria y celebramos más que nunca que el feminismo es un movimiento pacífico de liberación y defensa de la vida y la igualdad, y que sigue siendo una línea de defensa de la ciudadanía frente a las graves amenazas sistémicas que nos ponen en peligro.
Seguiremos luchando, denunciando las injusticias aquí y allá, tejiendo redes, escuchando a las mujeres del sur global, aprendiendo e impulsando iniciativas y espacios de humanización que cuiden la vida y abran caminos de esperanza en la construcción de otro mundo posible.
