Nacida en el año 2000, surge de la constatación en el terreno, en el trabajo de formación e intermediación laboral, de que las empresas ordinarias dejaban fuera a las personas con más dificultades, a los más frágiles.
Así es que, sin abandonar las acciones formativas, ni tampoco la acción de seguimiento para la inserción, fuimos abriendo otro frente para afrontar este problema: el de la creación de puestos de trabajo, promoviendo empresas cuyo sentido sea el hecho de que, en sus plantillas, se encuadrasen personas con dificultades subjetivas añadidas, en la forma y proporción que la empresa fuese capaz de asumir sin mermar la garantía de su supervivencia como empresa.
En la búsqueda de garantizar que esas empresas tuvieran la necesaria vinculación y dependencia con la Fundación Novaterra (y de este modo asegurarnos de que no abandonasen ni se desviasen de su objetivo principal, la inserción) pero que al mismo tiempo tuvieran la suficiente autonomía como para que, el hecho de que Novaterra, un instrumento democrático, participativo y sin ánimo de lucro, no llegue nunca a pesar como una losa sobre aquéllas restándoles eficacia, se abordó la creación del instrumento jurídico IUNA Promotora Social, S.A.
Desde sus inicios, se persiguió que IUNA sea un proyecto de muchos y que no se circunscribiese a un único territorio. Se buscaba una base social amplia.
A través de la emisión de 7000 acciones (de las cuales Fundación Novaterra y sus patronos disponen actualmente del 51,95% de la titularidad) se consiguió atraer a casi 500 accionistas (entidades y personas físicas) que aportaron 60 euros por acción, destinados a la creación y consolidación de empresas de inserción.
Se trata de un modelo de inversión ética ya que, si bien las acciones adquiridas no distribuyen dividendos, tampoco constituyen una donación al existir un mercado secundario a través del cual los accionistas pueden vender sus acciones y nuevas personas o entidades puedan adquirirlas.








